“Velamos por la profesión médica, por su ejercicio ético en condiciones laborales dignas y justas y por
la salud de los colombianos”.

Artículo 3º. Estatutos. Capítulo I

Órgano asesor y consultivo del Estado en materia de salud pública desde 1935 (Ley 67 de 1935 y Ley 23 de 1981).

Reflexión sobre la tragedia, la solidaridad, la ayuda humanitaria y la toma de decisiones en dos momentos

Juan Useche Cruz. MD y Bioeticista | Agosto 26 de 2026

Foto: EFE – ERNESTO GUZMÁN JR/ EE

PRIMER MOMENTO

¿Qué es la ayuda humanitaria?

Podemos comprender la Ayuda Humanitaria como un ecosistema plural de participación en el que ciudadanos, comunidades, organizaciones privadas, organizaciones humanitarias, Organizaciones No Gubernamentales, partidos políticos y organizaciones religiosas pueden contribuir, procurando que la ayuda se gestione alrededor de las necesidades de las personas afectadas, la dignidad humana, la no discriminación, la transparencia, la coordinación y la rendición de cuentas.

Esto tiene un fundamento particularmente fuerte en Colombia: la Constitución define al país como un Estado Social de Derecho fundado, entre otros valores, en la solidaridad, y el artículo 95.2 establece expresamente el deber de toda persona de «obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias» ante situaciones que pongan en peligro la vida o salud. Además, el artículo 95.5 reconoce el deber de participar en la vida política, cívica y comunitaria.

Sus diferentes opciones de participación:

  1. Ciudadano libre y solidario

Esta es la unidad básica de la respuesta social. La Constitución colombiana proporciona un fundamento directo: la solidaridad no es simplemente una virtud moral privada, sino un principio constitucional y un deber ciudadano.

  1. Como sociedad civil

Aquí se produce un salto cualitativo: pasamos del ciudadano individual a la acción colectiva. La sociedad civil puede organizarse mediante juntas de acción comunal, colectivos ciudadanos, asociaciones vecinales, redes comunitarias, organizaciones de base, etc.

  1. Como organización privada

Aquí entran empresas, establecimientos comerciales, cooperativas, fundaciones empresariales y otras entidades privadas. El carácter privado no impide realizar acción humanitaria y el sector privado puede ser perfectamente un actor humanitario colaborador, pero debería evitar convertir la emergencia en una herramienta de publicidad agresiva, captación política o discriminación entre beneficiarios y evitar la instrumentalización de las víctimas.

  1. Como organización humanitaria

La identidad de la organización humanitaria está asociada a principios, capacidades, estándares, rigor técnico y procedimientos específicos de acción humanitaria.

Los siete principios fundamentales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja son:

  • Humanidad
  • Imparcialidad
  • Neutralidad
  • Independencia
  • Servicio voluntario
  • Unidad
  • Universalidad
  1. Como Organización No Gubernamental — ONG

Una ONG es una forma organizativa, no necesariamente humanitaria. Una ONG ambiental, educativa, cultural, de derechos humanos o de desarrollo puede participar en una emergencia sin convertirse automáticamente en una organización humanitaria.

  1. Como partido político

Esta es probablemente la categoría que requiere mayor cuidado. Un partido político puede participar en una respuesta solidaria porque sus integrantes son ciudadanos y porque las organizaciones políticas forman parte del pluralismo y la participación democrática. No obstante, categóricamente es importante afirmar que un partido puede ayudar, pero la ayuda no debería convertirse en una herramienta de proselitismo.

En este orden de ideas, un partido político puede:

  • movilizar militantes voluntarios;
  • donar recursos propios;
  • apoyar campañas de recolección;
  • aportar logística;
  • poner profesionales a disposición;
  • ayudar a transportar suministros;
  • contribuir a la reconstrucción comunitaria.

Y todas sus acciones deben delimitar estrictamente una frontera clara entre acción humanitaria y propaganda política.

  1. Como organización religiosa

Una iglesia o confesión religiosa puede de forma legítima:

  • recolectar alimentos;
  • recibir dinero;
  • organizar voluntarios;
  • prestar instalaciones;
  • ofrecer alojamiento;
  • organizar comedores;
  • realizar acompañamiento espiritual;
  • crear redes de apoyo;
  • canalizar donaciones hacia damnificados.

Sin embargo, el principio de no instrumentalización de la ayuda también es fundamental en esta opción participativa.

Un punto teórico fundamental

Las categorías no son excluyentes. Una persona puede ser:

ciudadano → voluntario → miembro de una organización civil o política → integrante de una ONG → actor humanitario

LAS RUTAS PARA INGRESAR AL ALGORITMO DE LA AYUDA HUMANITARIA

La ruta más sencilla: donar dinero

En una emergencia de gran magnitud, el dinero suele ser mucho más flexible que las donaciones físicas. Permite comprar exactamente lo que hace falta en el lugar y momento adecuados, además de movilizar transporte, personal, agua, alojamiento y otros servicios. Muchos países desarrollados solo permiten donaciones en dinero a Fundaciones y Organizaciones No Gubernamentales.

En Colombia, existe un marco jurídico para la regulación de las donaciones de dinero, es la Ley 1523 de 2012 que establece que los bienes donados a entidades públicas, privadas o comunitarias para atender una situación de desastre o calamidad pública declarada deben destinarse conforme al Plan de Acción Específico para la recuperación.

Por tanto, en una emergencia de gran magnitud es mucho más recomendable que las campañas de donación se articulen a través del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo y con el plan oficial de respuesta. Sin embargo, la comunidad tiene mayor autonomía para organizarse al margen de la norma, procurando respetar principios éticos de integridad, transparencia, legalidad y responsabilidad, principalmente.

Donar elementos materiales

Aquí hay una regla fundamental: No conviene recolectar cosas simplemente porque «parecen útiles». Se deben establecer de forma prioritaria censos de necesidades en terreno con las comunidades afectadas para que llegue lo que realmente se necesita.

Convertirse en voluntario

Esta es probablemente la vía más interesante si quieres participar directamente a través de Organizaciones Humanitarias, Organizaciones No Gubernamentales y Organizaciones Gubernamentales como la Cruz Roja Colombiana, Defensa Civil y Bomberos Voluntarios. No se recomienda el autodespliegue a la zona afectada.

Si eres profesional, existe otra puerta de entrada

Los profesionales con distintos saberes podrán vincularse a una organización que pueda incorporarte formalmente a una operación. No es recomendable hacerlo espontáneamente y por propia cuenta en el lugar de la emergencia.

Crear un centro de acopio

Esta es una vía particularmente útil para una comunidad, municipio, empresa, iglesia, universidad o colectivo ciudadano. No obstante, requiere obedecer una mínima operación logística que tiene unos lineamientos técnicos y operativos básicos:

Necesidad → convocatoria → recepción → clasificación → inventario → almacenamiento → transporte → entrega → verificación.

La vía comunitaria

Hay una dimensión de la ayuda humanitaria que en países como Colombia, en los últimos tiempos, es la primera en activarse. Deben respetarse y validarse sus capacidades de autoorganización, su trans e interdisciplinariedad. Las comunidades organizadas y autogestionadas pueden ser fundamentales para: identificar personas desaparecidas o aisladas, localizar adultos mayores, identificar personas con discapacidad, preparar alimentos, habilitar espacios comunitarios, distribuir agua y alimentos, acompañar familias, censar necesidades, apoyar la recuperación de documentos, organizar alojamiento temporal, cuidar niños mientras sus familias realizan trámites y recuperar medios de vida.

Las comunidades forman parte del sistema de respuesta. La legislación colombiana reconoce precisamente la participación comunitaria dentro del SNGRD.

Una ruta práctica para una persona que quiere ayudar

Yo la organizaría en 5 niveles:

  • 🟢 NIVEL 1 — Ayuda desde casa Donar dinero → difundir información verificada → apoyar una campaña oficial. Es la forma más sencilla y segura.
  • 🟡 NIVEL 2 — Ayuda local Recolectar → clasificar → almacenar → transportar → entregar. Aquí ya necesitas coordinación logística.
  • 🟠 NIVEL 3 — Voluntariado organizado Inscribirse → capacitarse → ser acreditado → recibir una misión → desplegarse. Esta es la puerta adecuada para quien quiere participar directamente.
  • 🔴 NIVEL 4 — Respuesta especializada Médicos, rescatistas, ingenieros, psicólogos, técnicos, operadores, etc. Se ingresa mediante una organización que requiera específicamente esa capacidad.
  • 🔵 NIVEL 5 — Recuperación Cuando desaparece la emergencia inicial comienza otra etapa: alojamiento → recuperación de medios de vida → reparación → reconstrucción → salud mental → educación → fortalecimiento comunitario. Y esta etapa puede durar meses o años.

PRINCIPIOS DE LA AYUDA HUMANITARIA

  • Primum Non Nocere: máxima bioética de la medicina, válida también para la ayuda humanitaria. Una ayuda mal organizada puede generar problemas.
  • Humanidad: ayudar a las personas afectadas.
  • Imparcialidad: priorizar según necesidad, no según simpatía, política, religión o relaciones personales.
  • Dignidad: las personas damnificadas no son objetos de caridad.
  • Rendición de cuentas: saber qué se recibió, qué se compró, dónde terminó y quién la recibió.
  • Participación: escuchar a la población afectada.
  • Coordinación: trabajar con quienes ya están operando y articularse con la institucionalidad.

SEGUNDO MOMENTO

Se cumplen dos semanas del inicio de la emergencia y contingencia por el terremoto y en esta, como en todas las tragedias generadas por desastres naturales donde hay afectaciones humanas de gran magnitud, surgen el cooperativismo, la bondad, la compasión y el deseo noble de querer ayudar a las víctimas. Sin embargo, debemos tener en cuenta que en estas contingencias todas las personas somos afectadas en menor o en mayor medida: unos pierden su vida, otros tienen pérdidas materiales, todos sufrimos el estrés agudo por el evento natural, otros pierden su trabajo y el sustento para sus hogares, algunos también tienen exacerbación de situaciones críticas que ya se vivían en el hogar. Todos indistintamente sufrimos la tragedia de una u otra manera. También surgen las disputas y la pugnacidad entre las diferentes comunidades afectadas que buscan siempre ser priorizadas antes que los demás, como un instinto de supervivencia y egoísmo. Otros buscan sacar provecho económico de la tragedia o focalizan las ayudas así no las necesiten, y también están los que simplemente buscan arrebatar a la fuerza los bienes materiales y las donaciones que reciben los más afectados.

No obstante, para que no impere el caos en medio de las buenas y malas intenciones de los seres humanos, requerimos que las personas en las que la sociedad ha delegado la toma de decisiones y el liderazgo para el bienestar de todas y todos, se activen y gestionen con orden y prontitud los actos administrativos necesarios que permitirán un adecuado manejo de la tragedia a corto, mediano y largo plazo.

En este orden de ideas, me atrevo a formular unos interrogantes que bien se pueden aplicar al nivel Municipal a todos los concejos y las Alcaldías de las poblaciones afectadas, al Nivel Departamental a las Asambleas y Gobernaciones, y al Nivel Nacional al Congreso y al Gobierno Nacional en cabeza del Presidente de la República.

  • ¿Ya se produjo la activación de la UNIDAD NACIONAL DE GESTIÓN DEL RIESGO, de todas las UNIDADES DEPARTAMENTALES Y MUNICIPALES DE GESTIÓN DEL RIESGO de los departamentos y municipios afectados?
  • ¿Se ha activado la estrategia municipal de respuesta a emergencias en Quimbaya, en todos los municipios y departamentos gravemente afectados?
  • ¿Existen en todos los municipios y departamentos gravemente afectados Salas de Crisis Operativas? ¿Tiene el gobierno nacional operativa su propia Sala de Crisis?
  • Si existe algún municipio o departamento que no ha podido hacerlo, ¿cuándo se espera hacer efectiva la instalación de su Sala de Crisis?
  • ¿Todos los municipios y departamentos gravemente afectados han hecho la instalación de uno o varios PUESTOS DE MANDO UNIFICADOS (PMU) para la coordinación y articulación estratégica ante la crisis?
  • Si no se han podido implementar los PUESTOS DE MANDO UNIFICADOS (PMU) por la magnitud del evento crítico, ¿quién está coordinando y articulando los diferentes organismos de socorro?
  • ¿Ya se está realizando la Evaluación de Daños y Necesidades (EDAN) como lo estipulan jurídica y administrativamente la Gestión del Riesgo de cada municipio y departamento y de la Nación?
  • ¿Ya tenemos censos de necesidades iniciales sobre atención hospitalaria y sanitaria en los diferentes municipios y departamentos gravemente afectados?
  • ¿Están activos y en ejecución los alojamientos temporales y la asistencia humanitaria en coordinación con el PMU y acorde con las Evaluaciones de Daños y Necesidades de las poblaciones afectadas? ¿Están encargándose los alcaldes y gobernadores de esta obligación legal que tienen?
  • ¿En las ciudades, municipios y departamentos más afectados ya se ha hecho la Declaratoria de calamidad pública, si se cumplen las condiciones legales, o ya los equipos jurídicos vienen trabajando para ejecutar esta acción administrativa lo más pronto posible?
  • ¿Se han materializado administrativamente las diferentes solicitudes de apoyo departamental y/o nacional en las poblaciones gravemente afectadas?

Estos interrogantes le permiten al ciudadano que lea esta publicación cuestionarse sobre el rol activo que deben ejercer los tomadores de decisiones y los políticos que ocupan los puestos de mandatarios municipales, concejales, gobernadores, diputados, congresistas y el mismo presidente de la República.

Parece que la acción política del gobierno al servicio de las necesidades de la población hubiera sido reemplazada por el protagonismo desmedido en videos en serie en las redes sociales y la frivolidad a la hora de abordar este momento crítico histórico para la nación.

Necesitamos acción política y ejecución de los mecanismos legales y administrativos que tiene la República de Colombia para atender adecuadamente estas tragedias naturales de gran magnitud y afectación humana, social y natural. Las víctimas no esperan menos del Estado colombiano y el Estado somos todos.

Para terminar, concluyo diciendo que la ayuda humanitaria no comienza el día del desastre. Comienza con la planeación gubernamental, institucional y comunitaria a través de la cultura de la gestión del riesgo. Esta línea de pensamiento procura establecer una red local de personas, empresas, profesionales, transportadores, centros de acopio, donantes y organizaciones que puedan activarse cuando ocurra una emergencia para que la próxima vez tengamos menos víctimas entre nosotros y menos daños materiales y económicos por contabilizar. Debemos convertirnos en una sociedad y en una nación flexible y no líquida ante el desastre.