Colombia está próxima a iniciar el debate parlamentario sobre la reforma a la salud. Tal vez el más esperado y anticipado entre los gremios y las empresas que participan del sistema de salud actual. Desde septiembre del año pasado el proyecto de ley ha sido sometido, como ninguno otro, a una campaña continua de ataques basados en elucubraciones fatalistas, conjeturas y mentiras por parte de muchas personas. Entre ellas hay quienes tienen claros intereses de continuar indefinidamente con el control del sistema de salud y todos los beneficios que ese poder les otorga. Esos son los más urentes y azuzadores; son los que con su poder y en alianza con los grandes medios de comunicación masiva siembran incertidumbre y dudas entre la población. Son los jefes, ocultos unos y abiertos otros. También hay personas que, simplemente, son opositores al actual gobierno por convicción o por tradición o por ser simples consumidores acríticos de noticias. O aquellos que se oponen por animadversión personal contra la Ministra de Salud o el Presidente de la República. 

Entre los gremios de la salud se percibe que, en general, se está de acuerdo con la necesidad de una reforma estructural del sistema, cuyo contenido global y sus componentes han sido ampliamente difundidos mediante diversos mecanismos. Pero hay puntos de vista distintos sobre cómo podría o debería ser la reforma y muchos aducen que no conocer el articulado final del Proyecto de Ley es la causa de su resistencia mientras que otros hubieran querido participar directamente en su redacción y escritura. Lo cierto es que el proyecto de ley presentado al Gobierno Nacional ha sido construido por todas aquellas personas y organizaciones que, de una u otra manera, han participado en discusiones y debates a lo largo de los años desde que fue sancionada la Ley Estatutaria de Salud. Ha habido foros sobre la reforma desde esa época; durante la pandemia abundaron los webinar, escritos a manera de artículos y ensayos, entrevistas y programas de TV con personas del común, trabajadores de la salud y dirigentes gremiales y académicos expresando sus ideas acerca de lo que debería ser un nuevo sistema de salud para Colombia. Se han creado movimientos populares por la salud con amplia participación de la ciudadanía, movimientos de pacientes, movimientos académicos y gremiales. 

Todos ellos se expresaron y lo siguen haciendo en las redes sociales; sus manifestaciones y opiniones se fueron convirtiendo en insumo esencial para la redacción del proyecto y en expresión viva de participación democrática en donde todo se ha referido al desarrollo e implementación de la Ley Estatutaria de Salud, que se convirtió en el hito de convergencia. El resultado es que los colombianos tenemos ahora varios proyectos de ley como, por ejemplo, la propuesta de Pacientes Colombia; la de la Asociación Colombiana de Salud Pública; la propuesta Acuerdos Fundamentales, hecha por diversas organizaciones de profesionales y trabajadores de la salud, donde participa la FMC y varios de sus Colegios Médicos. La Cumbre social y política por la reforma a la salud compiló durante cerca de un año los resultados de debates regionales y los entregó a la Comisión. El Pacto por la Salud y la Vida se ha pronunciado y trabajado en favor de una reforma estructural al actual sistema de salud y trasciende su propuesta al ámbito internacional al adherir a la Asamblea Mundial de la Salud por los Pueblos, evento que se realizará en noviembre de este año en Cali, ciudad ejemplo de resistencia popular y desobediencia civil durante el estallido social. Los hechos relatados dejan ver que el proyecto en cuestión emanó de la sociedad civil y sus movimientos de masas y evolucionó hasta madurar para ser entregado al gobierno elegido. Todas las propuestas tienen más coincidencias que diferencias con este proyecto, que fue presentado por la Comisión de Seguimiento a la Reforma, de la cual hace parte la Federación Médica Colombiana desde el año 2010. 

El contenido inicial del proyecto fue entregado en abril de 2022 al conjunto de la sociedad colombiana en general y al sector de la salud en particular en el libro Agenda de Transición Democrática: otra Colombia es posible. Allí, el capítulo 3 contiene lo siguiente: el Decálogo para una reforma a la salud (publicado por primera vez en junio de 2021); la Introducción al texto de los contenidos básicos de lo que se redactaría en forma de artículos contenidos en capítulos tales como Disposiciones Generales; Organización general del sistema de salud; Financiamiento; Administración de los recursos; Prestación de servicios; Modelo de atención; Sistema Integrado de Información en salud; Participación ciudadana y social; Inspección, Vigilancia y Control; Determinantes de salud; Políticas públicas prioritarias; Resolución de conflictos; Régimen sancionatorio y culmina con un borrador de Exposición de Motivos. Con el tiempo, provenientes de las discusiones y los foros realizados en diversos escenarios sociales y políticos y del debate interno en la Comisión, se adicionaron otros temas como el Régimen laboral de los trabajadores de la salud; Instituciones de salud del Estado; Redes integradas e integrales de salud; Política nacional de ciencia, tecnología e innovación en salud; Política de medicamentos, insumos y tecnología; Política de educación superior y formación en salud; Autonomía profesional y autoregulación. Culmina el articulado con el capítulo de Disposiciones generales y transitorias o régimen de transición. 

Como dice nuestro colega Jaime Calderón, cirujano cardiovascular y ex dirigente gremial: “la propuesta de reforma es necesaria y bien intencionada, y pasa por el manejo transparente de los recursos financieros y de la mejora de las condiciones de los trabajadores de la salud. Habrá que discutir, concertar… pero acompañar y avanzar.”

Hagámoslo en esa dirección. No hay otra oportunidad. Leamos bien la situación y aliémonos entre nosotros por la reforma, no con otros y contra ella. 

POR: SERGIO ISAZA VILLA, M. D. – PEDIATRA
PRESIDENTE FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA