Terapias basadas en el análisis genético de los tumores y la inmunooncología han prolongado la esperanza y la calidad de vida en algunos grupos de pacientes oncológicos. El objetivo de la medicina a medio plazo es extender estos beneficios cada vez a mayor número de diagnósticos

Recibir un diagnóstico de cáncer de pulmón ha sido durante décadas una de las peores noticias que podía recibir una persona porque los adelantos terapéuticos eran escasos. Ese factor, unido a un diagnóstico por lo general en fases avanzadas, hacía que el pronóstico fuera con frecuencia poco esperanzador.

En la actualidad el cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por esta enfermedad en España. En 2021 se registraron en nuestro país 23.000 fallecimientos por tumores de pulmón, lo que representa el 20,3% de las muertes por cáncer, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Sin embargo, comienza a haber buenas noticias en el tratamiento de este tumor gracias a los progresos médicos que se han registrado en los últimos años. La investigación y la práctica clínica empiezan a cambiar la historia natural del tratamiento de esta enfermedad y, en la actualidad, el de pulmón es el cáncer con mayor incremento global de supervivencia a nivel mundial.

La inmunooncología y las terapias dirigidas han prolongado la esperanza de vida en algunos grupos de pacientes. “Durante más de 30 años, no se ha aprobado ningún fármaco con efecto claramente beneficioso para los pacientes con cáncer de pulmón y la única opción de tratamiento era la quimioterapia. La llegada de la inmunoterapia y la oncología de precisión o terapias dirigidas suponen un cambio de abordaje y una gran noticia para los pacientes de cáncer de pulmón de células no pequeñas, una población para quienes hasta ahora había pocas opciones de tratamiento”, apunta Miquel Balcells, director médico de la biotecnológica Amgen para España y Portugal.

La oncología de precisión comenzó su andadura hace dos décadas y consiste en administrar un tratamiento personalizado basado en el análisis genético del tumor de cada paciente. Por su parte, la inmunoterapia es más reciente -los estudios se circunscriben a la última década-, y se basa en estimular el sistema inmunitario del enfermo para que identifique las células cancerígenas y acabe con ellas o detenga su crecimiento.

“Gracias a los avances científicos y al descubrimiento de diferentes alteraciones genéticas asociadas a este tumor, los pacientes pueden beneficiarse de la oncología de precisión, es decir, de tratamientos más eficientes, que han mejorado notablemente la curación y están impulsando tasas de supervivencia impensables hace muy pocos años”, comenta Enriqueta Felip, jefa de sección del Servicio de Oncología Médica del Hospital Vall D’Hebron de Barcelona y nueva presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

En el tratamiento del cáncer de pulmón se utilizaban hasta hace unos años tres terapias: cirugía, radioterapia y quimioterapia, comunes, por otra parte, a otros tipos de tumores. Su eficacia dependía mucho del estadio en el que se diagnosticaba la enfermedad, de la ubicación del tumor y de las características del tejido.

En el caso del cáncer de pulmón, los nuevos abordajes terapéuticos han marcado un punto de inflexión, aunque su uso todavía no se ha generalizado. De momento, la inmunooncología se ha comprobado como una opción terapéutica para algunos pacientes (hasta un 30%), pero no funciona en otros.

La inmunoterapia comenzó demostrando su eficacia en pacientes con metástasis que no podían someterse a una intervención quirúrgica. Una investigación del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP), el estudio Nadim, publicado en Lancet Oncology, refrendó que el uso de inmunoterapia y quimioterapia antes de cirugía lograba que casi el 80% de los pacientes con cáncer de pulmón localmente avanzado sobreviviera trascurridos tres años del diagnóstico y tratamiento. El GECP calificaba el resultado al hacer público el estudio como “un hito en los registros que teníamos hasta ahora”. Según los especialistas, el uso de la inmunoterapia en fases preliminares, todavía en estudio, es prometedor, pero quedan problemas por resolver. El principal reto reside en averiguar qué hacer con los pacientes en los que la inmunoterapia deja de funcionar.

Terapias más eficaces y seguras

La inmunooncología y las terapias dirigidas no desplazan a las terapias clásicas, que siguen siendo imprescindibles en el abordaje de muchos tumores. Lo que ha proporcionado la innovación terapéutica de las últimas décadas son más herramientas contra el cáncer de pulmón que destacan por su efectividad, seguridad y versatilidad. Por ejemplo, la inmunooncología puede usarse sola o junto a otras terapias, antes y después de la cirugía, según requiera cada paciente.

El estudio 30 años de Impacto del Cáncer de Pulmón en España, realizado por el GECP, señala que este tumor es, gracias a la investigación, “el cáncer con mayor incremento global de supervivencia en el mundo. En la actualidad, un 15% de los pacientes sobrevive a los cinco años del diagnóstico, con porcentajes mayores en función del subtipo y estadio”. Sin embargo, el mismo estudio apunta que “las cifras siguen lejos de tumores de alta incidencia como mama o colon”. Un factor determinante es que en el cáncer de pulmón no hay una prueba de cribado en la población, mientras que sí existe en los tumores de mama o colon, lo que permite detectarlos en estadios más precoces, mejorando así el pronóstico.

Un tratamiento para cada paciente

Hasta hace unos años se aplicaba un tratamiento estándar a todos los pacientes que venía determinado, sobre todo, por el estadio de la enfermedad y la histología del tumor, pero la práctica clínica ha cambiado. El estudio de la expresión de las características genómicas del tumor, denominadas biomarcadores, permite seleccionar el tratamiento óptimo para cada persona. Cada vez es más habitual realizar pruebas de determinación de biomarcadores para identificar las mutaciones genéticas de los tumores y poder fijar un tratamiento personalizado. El resultado clínico es doble: por una parte, se logra una mayor eficacia contra las células cancerosas, y por otra, se evitan algunos efectos secundarios vinculados a los tratamientos convencionales, como la caída del pelo, las náuseas o el cansancio asociados a la quimioterapia. No obstante, este análisis genético no puede realizarse en todos los tumores (solo se han identificado algunos de los genes mutados en el cáncer de pulmón).

Entre los distintos tipos de biomarcadores que existen, los biomarcadores predictores de respuesta facilitan a los especialistas una valiosa información: en primer lugar, señalan qué opciones de tratamiento son más eficaces y seguras para un grupo de pacientes, y en segundo término, identifican qué personas no se beneficiarán de esa misma opción terapéutica. “Hoy en día, en España contamos con muchos fármacos aprobados en función de un biomarcador”, apunta la presidenta de SEOM. “Para que los profesionales podamos tomar la mejor decisión y que los pacientes puedan beneficiarse de las terapias dirigidas, la determinación de biomarcadores es vital“. Se están buscando vías de financiación a todos los niveles para dar ese paso decisivo.

Con la incorporación de las nuevas terapias, el abordaje del cáncer de pulmón entra poco a poco en una nueva fase. Los investigadores trabajan para que el tumor se convierta a medio plazo en una enfermedad crónica.

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Tomado de: Elpais.com