Pandemia afectación a todo el pueblo. Esto es lo que literalmente traduce la pandemia y la declaración de que el virus del coronavirus es una pandemia que hizo la Organización Mundial de la Salud significa que toda la humanidad sin distingos ni de países ni de razas, ni de edades ni de sexos ni de clases está en riesgo, que su salud puede ser severamente afectada por este virus que se extiende exponencialmente y que al momento de escribir este texto ha contaminado a cientos de miles o quizás ya a millones pues solo se llevan registros de los diagnosticados que son 213.254 en 153 países, lo muertos que suman ya 8.543 desde que se detectó en la República Popular China desde finales del mes de diciembre de 2019. El riesgo es para todo el pueblo, por eso es una pandemia.

Esta pandemia se da en medio de una crisis estructural del sistema capitalista que se viene manifestando en crisis cíclicas la última de las cuales se produjo en 2008 y que se conoció como la crisis de las hipotecas basura, desde entonces la economía capitalista no se ha recuperado plenamente. La crisis como hemos señalado en otros trabajos es una crisis sistémica, es  una crisis del modelo capitalista, es una crisis del modelo de organización social nacido en la modernidad. La crisis es económica sobre un modelo inviable ambientalmente y socialmente, pero también es inviable sobre las matrices energéticas dominantes que al privilegiar la quema de combustibles fósiles como principal fuente energética nos precipita a un calentamiento global que ya se traduce en desastres ambientales por las altas temperaturas como el vivido en los meses recientes por Australia pero también los tsunamis, los terremotos o las inundaciones que afectan diversas partes del planeta.

Entonces la crisis es sistémica. Es crisis económica que se ha profundizado con la pandemia pero que no tiene origen en ella. Una crisis social que conduce a sociedades empobrecidas donde vienen disminuyendo año a año las rentas dedicadas al trabajo mientras crecen las rentas apropiadas por los capitalistas conduciendo a la creación de un orden injusto con tasas de concentración de la riqueza que hacen inviable a las economías capitalistas. Como lo registran año a año los trabajos de Oxfam que en su informe del año 2016 señalaba que el 1%  de la población mundial posee más riqueza que el 99% de las personas que habitan el planeta. El poder y los privilegios se han utilizado para manipular el sistema económico en detrimento de los miles de millones de pobres. En 2015 solo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad), en 2010 eran 388 personas. Esta riqueza en manos de estas 62 personas se ha incrementado en un 44% en apenas cinco años mientras que la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población mundial solo recibió el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del 1% más rico.

Es una crisis política. La democracia representativa se ha deslegitimado pues los partidos políticos se han coaligado con el sector financiero para favorecer esta inmoral acumulación de capital en muy pocas manos. Los partidos y movimientos políticos han favorecido la existencia de paraísos fiscales, han aprobado leyes impopulares que han desmantelado las políticas públicas con contenido social, han desmantelado los Estados de Bienestar.  En todos los lugares, en países de alto desarrollo capitalista pero también en los países periféricos han legislado a favor de las multinacionales, reducido impuestos, terciarizado la contratación laboral, destruido los sindicatos y las organizaciones sociales. Han construido una política que favorece los intereses del capital financiero trasnacional y que empobrece a las mayorías, en todas partes. Y han desmantelado y privatizado servicios públicos esenciales como la salud pública o la educación.

Pero es también una crisis cultural. Se han debilitado y/o destruido  las organizaciones sociales, los lazos y las relaciones de solidaridad, debilitado la vida social pública. En cambio se han entronizado valores como el consumismo ahora ya no importa la duración de las mercancías sus valores de uso sino solo sus valores de cambio, las mercancías ahora tienen una vida útil limitada conduciendo a una rápida destrucción de recursos naturales no renovables. Se han promovido valores antisociales como el individualismo y la competencia por encima de valores como la solidaridad y el trabajo colectivo. Pues resulta que para salir de la pandemia o enfrentarla con éxito se requiere de mucha solidaridad. Debemos estar dispuestos al confinamiento en nuestras casas para que el virus no se expanda y eso requiere tener conciencia y sentido colectivo, sentido de humanidad.

Esta crisis del coronavirus se presenta en momentos en que los sistemas de salud pública han sido desmantelados, desde el año 2008 han decrecido en todo el mundo las inversiones públicas en salud. Países como Italia y España a pesar que siguen contando con sistemas comparativamente más fuertes que otros países han sido desbordados por la pandemia del coronavirus pues durante los últimos 20 años han sido debilitados. En Italia la situación es dramática pues las salas de cuidados intensivos que cuentan con respiradores mecánicos indispensables para tratar a los pacientes más afectados por el coronavirus son insuficientes y los pacientes mueren sin recibir atención adecuada. La investigación científica  para hallar una vacuna efectiva está en manos de las grandes multinacionales de la industria farmacéutica que trabajan cada una por su lado y que hace años abandonaron la investigación sobre los virus pues se dedicaron a las enfermedades de alto costo.

El manejo desastroso de la pandemia en Colombia

Es en este marco global que se presenta la pandemia. Nexos sociales debilitados, instituciones frágiles y limitadas en personal y recursos, investigación deficiente en áreas estratégicas por la privatización de la misma. Y en una pobreza y exclusión  así como en una fragmentación social que debilita las acciones colectivas necesarias para enfrentar la crisis. La economía se hunde y dramáticamente hoy la contradicción central es entre la protección de los negocios o la protección de la vida. Hasta allí nos condujo el capitalismo en la fase neoliberal. La pandemia empuja la crisis y las medidas fiscales y de política pública se muestran insuficientes para contener el hundimiento. Debemos privilegiar el cuidado de la vida y no de los bancos.

En nuestros países de América Latina  la crisis se presenta en momentos de estancamiento económico que se profundiza por la caída de los precios de las materias primas que exportamos. En momentos en que se ha reprimarizado la economía y se han destruido nuestros aparatos industriales y debilitado la producción agrícola campesina en beneficio de las multinacionales ligadas a la agroindustria, dependemos cada vez más de la importación de alimentos. Viene creciendo como consecuencia la pobreza y se han revertido los avances que se habían logrado como resultado de las acciones de los gobiernos de centro izquierda, hoy tenemos gobiernos de la extrema derecha como el de Bolsonaro en Brasil, Piñera en Chile, Duque en Colombia que en su manejo de la crisis oscilan entre Bolsonaro que niega la crisis ligada a la pandemia o Duque que la reconoce pero quiere políticas de protección a los negocios antes que a la vida o Piñera que militariza el manejo de la crisis para al mismo tiempo tratar de reducir la protesta social en curso en su país.

En Colombia el manejo de crisis es desastroso. Hay un verdadero pulso político entre los ciudadanos, los gobiernos regionales alternativos y el régimen por el manejo que se debe dar a la crisis. Durante semanas el gobierno hizo anuncios pero no tomó medidas concretas. El primer caso de coronavirus fue diagnosticado el 6 de marzo en Bogotá y hoy 19 de marzo en las horas de la mañana ya han sido registrados y diagnosticado 108 casos. El gobierno mira principalmente en cómo favorece a los gremios empresariales con los cuales gobierna. El Banco de la República inyecta recursos para mantener la liquidez de la banca por cerca de 17 billones de pesos para hacer frente a la crisis económica. Mientras que solo este martes 17 de marzo decreta la emergencia económica y social en que puede gobernar con controles del Congreso de la República pero de manera autónoma para conjurar la grave crisis. Ayer miércoles dio a conocer las medidas que son francamente limitadas e insuficientes y que tienen como propósito central la protección de la banca y de la gran industria con muy limitados beneficios para los ciudadanos.

Resumidamente las principales medidas son las siguientes: reconexión de los servicios de agua potable a un millón de personas que tenían suspendido este servicio vital (así funciona el capitalismo depredador) por falta de pago, con la aclaración de que una vez pasada la emergencia tendrán que renegociar con las empresas sus deudas; adelanto de la devolución del IVA a un millón de personas vulnerables en el mes de abril;   un giro adicional a 2´660.000 hogares beneficiarios del programa Familias en Acción que cubre aproximadamente a unos 8 millones de personas, e igual medida para 204.000 personas del programa Jóvenes en Acción y a 1´500.000 personas del programa Colombia Mayor dirigido a población de la tercera edad  que no cuenta con mecanismos de protección social.

Además se anunció un giro hasta por 120.000 mil millones de pesos para fortalecer el sistema de salud así mismo recursos del Estado para que el sector financiero  pueda  renegociar deudas con los usuarios de crédito que contempla el aplazamiento del pago de sus cuotas para los próximos meses así como créditos blandos para dar la posibilidad a las empresas para mantener el pago de sus nóminas, todos estos recursos suman unos 4 billones de pesos.

Las medidas son insuficientes por las siguientes razones de fondo. Ante la ausencia de vacunas y medicamentos para tratar al virus lo único que funciona para controlar su crecimiento exponencial es el confinamiento de la gente en sus casas y eso supone que debe garantizarse un mínimo vital en alimentos, conexión a los servicios públicos de agua potable, energía eléctrica, gas domiciliario, conexión a internet, garantía de que por falta de pago no serán expulsados de sus viviendas. Para que funcione el confinamiento el Estado debe garantizar estas mínimas condiciones vitales para toda la población.

El gran problema es que Colombia tiene una tasa de informalidad en el trabajo que cubre al 60% del total de la fuerza laboral si la gente no sale a trabajar no come ni tiene recursos para sus servicios públicos básicos y para sus viviendas. Hay cerca de 5 millones de trabajadores por cuenta propia y 3 millones de  desempleados a quienes habría que garantizar el mínimo vital y además redes sociales de distribución de los alimentos para que la gente no tenga que salir de sus casas y de esta manera se pueda controlar la expansión del virus. Y en esto no trabaja el gobierno. Las medidas adoptadas aunque ayudaran a paliar la crisis son a todas luces insuficientes. Se requieren políticas más de fondo como establecer que los servicios públicos domiciliarios se pagarán después de sorteada la crisis para que la gente no tenga que salir de sus casas, garantizar redes de distribución de alimentos, prohibir el desalojo de las personas de sus hogares por falta de pago y al mismo tiempo fortalecer y expandir en todo el país las Unidades de Cuidados Intensivos que son escasas ante la posible demanda así como poner en marcha medidas de seguridad y protección para el personal médico y paramédico que está en la primera línea de combate contra el virus.

Para colmo de desastres este gobierno ha mantenido abiertos los aeropuertos internacionales en donde siguen llegando vuelos procedentes de países con altos niveles de contagio que son los que han traído el virus. Dada la presión y movilización ciudadana se anunció que estos vuelos serán prohibidos a partir del lunes 23 de marzo cuando debería haberse hecho ya hace más de dos semanas que se comprobó la presencia del virus en el país. Ante la inacción del incompetente gobierno de Uribe-Duque los gobiernos locales alternativos pero también algunos gobernadores y alcaldes de los partidos tradicionales, pusieron en marcha medidas para enfrentar la crisis. La más radical ha sido la alcaldesa de Bogotá Claudia López que de manera decidida se ha puesto al frente del manejo de la crisis y ha anunciado un confinamiento preventivo de cuatro días que comenzará este viernes y culminará el lunes. Ello a mi juicio permitirá ver las limitaciones y fallas de las políticas públicas puestas en marcha y acertar mejor al inevitable confinamiento general que deberá decretarse cuanto antes.

Frente a esto el gobierno desacertado y autoritario de Duque ha expedido un decreto en que amenaza a los alcaldes y gobernadores que no se subordinen a las políticas insuficientes y a las órdenes inexistentes, para el manejo de la crisis. La respuesta de la ciudadanía ha sido rodear y apoyar a sus administraciones locales y regionales. Duque tiene una aprobación del 24% de los encuestados y Claudia López del 71%. Eso lo dice todo o casi todo. Duque ha dado marcha atrás y habrá confinamiento en Bogotá, en todo el Departamento de Cundinamarca y en el Departamento del Meta incluida su capital Villavicencio en estos próximos cuatro días.

Los capitalistas se protegen así mismos el pueblo debe aprender a protegerse así mismo. De esta crisis saldremos fortalecidos. Hay que dar un empujón al neoliberalismo para que caiga y pensar en nuevas formas de organización social postcapitalistas.  Esta es la gran lección de esta pandemia. Es lo que está a la orden del día si queremos sobrevivir.

Por

Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur

Tomado de Revista Latinoamericana Sur